LOS HAY CON SUERTE…

Eran aproximadamente las 05:35 de la madrugada cuando me desperté sobresaltado por un atronador ruido. Afuera llovía mucho y las gotas golpeaban incesantemente las cuarteadas y mugrientas ventanas del apartamento. Parecían martillear los cristales al compás de las parpadeantes luces de neón que alumbraban la calle. Sonó entonces el móvil, era un mensaje: “Marco, siento mucho todo lo que ha pasado. Han sido unos años maravillosos pero sabes que no podíamos seguir así. No la tomes con Diego, él no es el responsable de que tú y yo hayamos roto. Pasaré mañana a recoger el resto de mis cosas”. Con este breve mensaje, Estefi, mi novia de toda la vida, ponía fin a 14 años de intensa relación. Me había dejado por el cerdo de Diego, un compañero del trabajo, un trepa, un falso amigo que se aprovechó de nuestros problemas para engatusar al amor de mi vida sin que yo sospechara lo más mínimo. Por si fuera poco, dos semanas atrás me habían despedido del trabajo sin contemplaciones por mis continuas ausencias laborales. Dicen que las desgracias nunca vienen solas y entre todos me habían sumido en un pozo que parecía no tener fondo.

Estampé el teléfono contra el suelo y reflexioné durante un instante. De repente, las cosas parecían aclararse, todo era más nítido y aunque estaba borracho, después de pasarme varios días a base de vodka y tabaco, sentía una clarividencia que me empujaba cómo si realmente hubiera encontrado la solución a mis problemas. Fui al garaje y cogí el coche. Conduje hasta la autopista más cercana con la intención de acabar con mis miserias de una vez por todas. Me crucé con unos cuantos coches antes de decidirme, pero cuando vi uno de color rojo que avanzaba a gran velocidad por la otra calzada en sentido contrario al mío, no me lo pensé y di un volantazo hacia él, saltándome la frágil mediana y colisionando irremisiblemente.

Dibujo

Volví a despertarme alterado y muy desorientado. Miré a mi alrededor y comprobé que seguía vivo y que estaba tumbado en la cama de un hospital. Algo había fallado. Entre sueños y completamente atontado, como drogado, escuchaba voces, susurros por aquí y por allá, en lo que parecía ser una conversación entre dos enfermeras:

-¿Y los del accidente, cómo ha ido el tema?

-Pues muy mal. De los cuatro chavales que iban en uno de los coches dos han muerto, uno está en coma y al otro le han tenido que amputar las dos piernas…

-¡Madre mía! Oye… ¿y el tipo del otro coche?

-Pues aunque te parezca increíble, sólo se ha roto la nariz. Los hay con suerte…

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